Intergaláctico, Planetario

Esta publicación es por y para el mejor grupo de rap que hay o habrá en el mundo (para mi): Beastie Boys.

Mi primera oída de ellos fue, si mal no recuerdo, cuando tenía 10 años, en 1995, recuerdo haber escuchado por la radio, en casa o la escuela, un beat de batería pesado y un riff de guitarra igual pesado. Eso no es rock, creo, según lo poco que conocía de música en ese momento de la vida. Había escuchado rap, sonaba en las radios chilenas, pero de esa forma no. Cuando empiezan los Beasties a rapear, fue sorprendente, ya que nada sonaba similar por acá, al menos, en lo que sonaba en radios.

No tenía un gusto musical formado en ese tiempo, tenía un cassette de Pampas Reggae (1) de Los Pericos como también uno de Eros Ramazzotti que me habían regalado en un par de viajes a Santiago. Eso cambió a partir de los 13 años, cuando cursaba 8º básico y ya sabía la diferencia entre rap y hip hop. En mi curso había muchos chicos que eran entusiastas por el hip hop. Uno, se convirtió en mi inspiración. Estaba metido en la onda del breakdance y escuchaba mucho rap. Él estaba a la moda en ese sentido, su compañerismo y entusiasmo me motivaron a conocer más y a convertirme en hiphopero. Más aún, cuando dentro de las playlist de sus cassettes estaban Shake your Rump (2), Get It Together (3), Sure Shot (4) y ese tema del pesado beat y riff: So What’Cha Want (5), ése era el grosso tema que hace un par de años atrás había escuchado y me había volado la cabeza.

A partir de ahí, con mi facilidad para el dibujo empecé mis primeros graffitis, que eran porquerías, y a juntar música, de la que me podía conseguir con algunos amigos y la que grababa de la radio. Así empezó de a poquito, una mezcla de los Beastie Boys, Tiro de Gracia (6), Wreckx-N-Effect (7), MC Hammer (8) (sin U Cant’ Touch This), algunos gringos que no cachaba en ese entonces y varios mixes y otras cosas, cercanas, como Limp Bizkit y algunos temas de raggamuffin’. Era variado, poco, pero variado.

Hasta que empecé a rimar. Todo de ahí creció de manera exponencial. La capacidad de hacer freestyle, cabecear un beat, descifrar las letras en inglés con lo que iba aprendiendo en el liceo, buscar instrumentales entre amigos y hacer graffiti, mucho, junto con mi hermano de pinturas y versos, Enzo. Esto ya era cuando tenía 16–17 años. Ya tenía muchos cassettes con música y CD’s pirateados con mezclas y álbumes completos. Cuando visitaba a mis abuelos, la pasaba viendo películas y MTV, que en ese tiempo era bueno y daban hartos clips de rap, y los de Beastie Boys, que en 1998 habían lanzado Hello Nasty, eran mis favoritos.

Cuando salió el vídeo de Intergalactic, mi mente explotó.

¿Podía mezclarse un robot de cartón y plástico con unos trajes de goma ridículos, las estaciones de tren de Shibuya y Shinjuku y supermercados en Japón con 3 MC’s, una instrumental muy divertida, muy influenciada del jazz y una letra que no fuera el típico rap social, de calle o picao’ a gangsta?

Intergalactic demostró que sí. Y ahí fue cuando me enamoré de los Beastie Boys. Le encontré sentido al hip hop por medio de su música y su estilo. No era sólo una moda bacán, ni tampoco un medio para hacer crítica social o una excusa para poder hacer arte gráfico, sino que entendí, que para mí, se trataba de disfrutar. Divertirme. Estaba en el hip hop porque era una diversión real para mí.

No me malinterpreten, no es que menosprecie la cultura y los cuatro elementos, al contrario, más me involucraba. Pero a través de los Beasties entendí que podía hacer más que lo que hacían los típicos raperos que bebían de la influencia otorgada por Tiro de Gracia, de Tupac y Dr. Dre o de SFDK y Violadores del Verso o Vico C.

Simplemente, notemos todas las influencias de los Beasties: rock, funk, jazz, rap, dub, punk… hasta country y bossa nova. ¿Quieres fijarte en sus tres integrantes? OK, los 3 son amigos de liceo, son blancos y empezaron como una banda juvenil de punk. ¿Sus letras? Sobre fiestas juveniles, desorden juvenil (carrete y volás así), pasarlo bien, protestas contra la sociedad y la forma de vida que tenían sus integrantes, reflejar a New York y su amor por esa ciudad. También, espiritualidad y compromiso. ¿Qué, espiritualidad? Pues sí, espiritualidad, los tres son de ascendencia judía y dos son de fe judaica y MCA, pues MCA se hizo budista (9). Y lo dejó reflejado en su vida, en sus letras y en el sonido de su bajo.

Eran la excepción que rompía toda regla. Mientras la gran mayoría se sentían más identificados con andar fumando marihuana y haciendo rap gangsta, tirándose mala onda entre MC’s (Este contra Oeste, ¿les suena?) había un trío de nerds que se paseaban por motos en miniatura vestidos con colores como si de Teletubbies se tratara, rapeando en medio de Nueva York con un estilo inconfundible y cautivador (10). O bien, protagonizaban la mejor de las series policiales de los años 70’s, persiguiendo delincuentes y botando muñecos por puentes, llevando un bigote que era digno de comparar con el de Chuck Norris (11), a un ritmo rock que ni Zack de la Rocha podría superar, o eran un trío vestido con la ropa más normal del mundo, rapeando en mitad de un bosque (12)… con colores e imagen distorsionados, a razón del efecto que se hizo característico en sus vídeos.

Los Beastie Boys. Los que te decían que tienes derecho a pelear por tu fiesta (13)a decir que las mujeres merecen respeto y gratitud (14). Que la mejor forma de disfrutar de la azúcar era con café y crema (15). Pasaron los años, todos crecemos, pero ahí estaban ellos, llenos de referencias a la cultura, a Star Trek (16), a Pie Grande (17) y los 5 barrios (18). Luego, para concluir, volviendo a su origen y entregando el broche de oro a una carrera larga, entretenida, increíble y bien jugada: con la continuación del clásico (You Gotta) Fight for your Right (to Party), de la forma más genial y alocada que podía ser: siendo ellos mismos (19), pero representados por otros, como un autohomenaje o una broma interna.

La luz se apagó el 4 de mayo de 2012, cuando Adam “MCA” Yauch falleció (20). No sólo murió un componente importante del trío. Ahí, Beastie Boys terminó su carrera. No iban a ser como otras bandas que buscan un reemplazante. Tampoco iban a resucitarlo de forma virtual, ni muchos menos seguir como dúo. Los Beastie Boys eran tres y siempre lo serían.

Quizás podríamos querer escuchar más álbumes y canciones, aun cuando se sabe que hay un montón de canciones que nunca verán la luz. No es necesario, hay 8 álbumes y cientos de canciones para disfrutar a la mejor banda de hip-hop que ha existido.

En tiempos donde el rap es murmurado, donde todo gira en torno al ego y donde las batallas de improvisación se llevan el centro de atención, prefiero seguir oyendo y disfrutando a 3 idiotas que lo pasaban bien, rapeaban bien y son una de las más grandes influencias para muchos artistas y exponentes, simpatizantes y oyentes, por su actitud, visión, pensamiento, calidad de producción, ingenio, contenido y nivel musical. Ningún estilo les quedó pequeño. Ningún vídeo fue menos que otro. Ningún disfraz fue mejor utilizado como en sus vídeos.

Para mí, una inspiración e influencia directa. Un sí o sí en mis playlist diarios. Mi definición personal de los Beastie Boys es igual que el coro de una de sus canciones: Intergalácticos, Planetarios, otra dimensión (21).

Larga vida a Ad-Rock y Mike D y namasté por MCA.

Fuentes: Wikipedia para algunas fechas exactas que se me escapaban, Spotify para enlazarles música, YouTube por los vídeos y Genius para las letras enlazadas.

Publicación original del 2018

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